Regreso a Valle Moomin

El archipiélago de Pellinge, a 80 km de Helsinki, cuenta con varias islas conectadas entre sí a través de puentes y con otros islotes mínimos a menudo inaccesibles según los caprichos del mar. Uno de ellos es Klovharun. Aquí, en este territorio inhóspito, sin muelle y únicamente habitado por aves marinas, está la modesta cabaña de madera donde la escritora, ilustradora y pintora Tove Jansson (1914) pasó 30 veranos junto a su pareja, la diseñadora gráfica Tuulikki Pietilä (1917).

Ser autosuficiente, plantar y pescar alimento, estar en pleno contacto con la naturaleza y aprender a apreciar incluso las inclemencias del tiempo al margen de la civilización conformaban las grandes motivaciones de Jansson para perderse, cada año, en su difícil refugio. Un lugar al margen de la fama mundial de la artista, en aquel momento apabullante, gracias a una peculiar familia que tenía mucho que ver con la suya.

Inspirada en su entorno y en su amor por la naturaleza, Tove comenzó a idear las aventuras de los Moomin cuando tan sólo era una niña. Su tío, harto de que robara las galletas de la cocina, solía asustarla contándole la historia de un ser llamado Snork que vendría a por ella si seguía portándose mal. Un personaje que formaría parte de su imaginario toda su vida y al que convertiría en la antítesis del troll de la mitología nórdica, haciendo de él uno de los grandes iconos de la cultura finlandesa contemporánea.

Desde muy pequeña, Tove Jansson destacó en varias disciplinas creativas, algo en lo que sin duda jugó un papel muy importante su familia. Su madre, la diseñadora gráfica Signe Hammarsten-Jansson, solía sentarla a su lado mientras creaba bocetos para sellos de correos. Su padre, el escultor Viktor Jansson, pasaba horas en el estudio modelando. Además de a Tove, los Jansson criaron a Per (fotógrafo) y Lars (historietista), dejando a los tres hermanos la suficiente libertad para expresarse libremente y encontrar su propio espacio.

Después de estudiar arte en ciudades como Estocolmo, París y Helsinki, Tove se instaló en esta última para desarrollar, por un lado, su faceta como pintora y, por otro, su trabajo como ilustradora e historietista en la revista satírica y antifastcista “Garm”, donde colaboraría realizando portadas entre 1930 y 1945.

“Durante un año entero, coincidiendo con el inicio de la guerra, no pude pintar. Todo aquello destruyó el placer que me daba hacerlo. Me llevó un tiempo darme cuenta de que lo que importaba era el camino y no la meta. Ahora quiero que mi trabajo sea algo que brote naturalmente de mí, preferiblemente de la felicidad. Estoy decidida a ser feliz, así que seré feliz. Muchas veces quiero volver a recuperar el tiempo perdido. Fue terrible. Pero ahora mismo, la verdad, prefiero no pensar en ello”.

En 1944, la artista se hizo con su primera casa-estudio en el centro de Helsinki. Los cristales de las ventanas estaban rotos y las paredes desconchadas, pero… fue un amor a primera vista. Allí celebró el final de la guerra y el inicio de un proceso de experimentación artística y personal. En las cartas enviadas a su mejor amiga, la fotógrafa Eva Konikoff (emigrada a EEUU desde el estallido del conflicto), Tove manifestaba su resistencia a la hora de formar una familia al uso. ¿Para qué hacerlo, pudiendo crear una propia, ubicada en una realidad fantástica?  

«Family» – Tove Jansson, 1942

“Intenté escribir sobre el mundo adulto y había algo que no funcionaba. Quería escribir una historia sobre una estructura familiar… No podía ser imparcial así que retraté a figuras de mi entorno”.

Una papá aventurero que adora las tormentas y correr peligros, una mamá paciente, serena… Un alma gemela llamada Too-Ticky.

“Tal y como como ocurre en el libro, Tootie me enseñó a entender el invierno. Abandoné el paraíso de verano trillado de la familia Moomin y dejé de escribir sobre lo que era bello y seguro para hacerlo sobre cómo pueden ser las cosas cuando se ponen feas. Tootie me condujo a escribir una nueva entrega sobre todo esto y creo que gracias a ello, por fin, el pequeño Moomin pudo liberarse y sentirse él mismo”.

Jansson se refiere al volumen “Moominland Midwinter”, donde introduce por primera vez a Too-Ticky, un personaje con aires filosóficos basado en Tuulikki Pietilä. Su camino y el de la diseñadora había convergido en distintos momentos de su vida (estudiaron arte juntas), pero no fue hasta 1955 cuando se conocieron en una fiesta a la que ambas acudieron portando sus 78 rpm favoritos para amenizar la noche. Allí, junto al gramófono, Tove le pidió un baile, pero ella la rechazó. Un tiempo más tarde, cuando volvieron a coincidir siendo vecinas de estudio en Helsinki, Tove y Tuulikki ya no se separaron más.

En 1964, las artistas iniciaron un proyecto soñado: construir una cabaña de 25m2 en su isla favorita. Sin luz, sin aseo… No hacía falta más que cobijo. Allí, encontraron la libertad que tanto ansiaban (recordemos que, hasta 1971, la homosexualidad estaba criminalizada en Finlandia con pena de cárcel). Y, entremedias, dieron la vuelta al mundo. Compraron cientos de discos. Fueron a los clubs de jazz de Nueva Orleans. Durante esos viajes, Tove escribió novelas cortas para adultos. Visitaron España en 1985 y les gustó tanto que se quedaron un trimestre.

“Teníamos la misma idea sobre lo que debe ser viajar; leíamos y nos preparábamos a fondo pero dejando espacio para la improvisación. Siempre libres para ir y marcharnos cuando nos diese la gana”.

Su avanzada edad y las duras condiciones de la isla hicieron que la pareja abandonara su refugio en los 90, dejando todo como estaba y sin echar la vista atrás. De hecho, aunque ellas ya no estén, la cabaña permanece en pie a día de hoy, con sus cosas casi intactas. Un testimonio que, junto a los diarios de Tove y sus historias de los Moomin, nos demuestra que, aunque suene a manido, la plenitud está en lo esencial.

“Me encanta ver las piedras del acantilado que desciende directamente hacia el mar, la montaña no-escalable y meter guijarros en mi bolsillo. Saco piedras de la tierra y las tiro a un lado, dejando que las que son más grandes caigan por la ladera mientras los rayos se alejan. A veces, todavía se puede percibir el olor a azufre que van dejando atrás”.

Bibliografía de Tove Jansson: http://www.tovejansson.com/bibliografia.html

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