Juguetes soviéticos para niños y amantes del diseño

¿Es posible conocer la historia de un lugar a través de sus objetos? ¿Una batidora, un juguete o un teléfono revelan datos de su tejido económico, industrial y cultural? Quizás sí. Un recorrido por los bienes de consumo desarrollados en la Unión Soviética a partir de los 50 nos permite esbozar un análisis sociológico más profundo de lo que a priori pudiésemos imaginar. En esta época, el afán del gobierno por la potenciación de su industria puso en marcha nuevas técnicas de diseño dirigidas a la fabricación de productos mejores, más atractivos y funcionales. Estudiantes de escuelas de arte acudieron en masa a las fábricas para desarrollar un nuevo perfil profesional de inventor-creador-fabricante.

“Nuestro día a día en la Escuela Secundaria de Artes Aplicadas de Zlin se centraba en el modelado de una gran variedad de productos. Sólo hicimos un juguete en los cuatro años de carrera. Adquiríamos conocimientos de tallado en madera y carpintería, aprendiendo los principios de modelado con el pvc de la época. En algunos talleres solíamos ir de excursión a algunas de las fábricas más relevantes de República Checa”. – Anna Vystydová / Diseñadora industrial.

Siguiendo el ejemplo de muchos jóvenes recién graduados, Vystydová comenzó a trabajar en una de esas compañías al acabar sus estudios: la Gumotex de Breclav. Su amiga y excompañera de clase Libuse Niklová, especialista en modelado con plástico, llevaba meses contratada allí. Juntas ejercieron todo tipo de trabajos técnicos, fabricaron piezas para productos y redactaron manuales de instrucciones.

“Libuse y yo fuimos de las primeras artistas de la industria. Corría el año 1955 y entonces parecía que nuestro trabajo no era valorado. Pasaron largos años hasta que nuestros jefes entendieron lo que significábamos para la empresa”.

Libuse Niklová aportó un enfoque artístico completamente nuevo a los patrones de fabricación de muñecos seguidos por Gumotex. Desarrolló una nueva línea estética de productos de goma que escapaba de los modelos anteriores, tallados en madera y con formas realistas. Caucho, espuma, pvc soplado y fundido, pinturas de látex y polietilenos daban forma a coloridos juguetes que llamaban la atención por su minimalismo y suave tacto.

La diseñadora dejó Gumotex a comienzos de los 60 para entrar en otra importante empresa de procesamiento de plásticos: Fatra. Entonces, sus ingenieros trabajaban en el desarrollo de un nuevo tipo de cisterna basada en un mecanismo similar al de un acordeón. Libuse se quedó fascinada con el invento, adoptándolo como punto de partida para crear su línea de juguetes más emblemática, la que elevó a Fatra como líder del mercado juguetero soviético. Ella misma se encargaba de cada proceso, desde la elección del material al diseño del packaging.

“Me gusta comenzar analizando las posibilidades técnicas que presenta cada material. Busco el enfoque tecnológico más óptimo y, al mismo tiempo, comienzo a plantear el producto desde un punto de vista estético. Sería un error por mi parte pensar que como diseñadora puedo hacer realidad lo que quiera. Cada material plástico tiene unas características que deben ser respetadas y explotadas”.

“Ideamos los temas para la creación de nuevos juguetes tomando referencias muy variadas, a veces también teniendo en cuenta solicitudes específicas de inversores. En general, somos libres para decidir qué juguetes hacer. Vamos de visita a los museos de Praga y también tomamos notas en el zoo o en el circo para inspirarnos. Imitar es un tema tabú y ni siquiera prestamos atención a las tendencias que presentan los catálogos de juguetes extranjeros”.

“Mi intención al diseñar animales es que el niño tenga la oportunidad de jugar de la forma más creativa posible. Son animalitos flexibles y elásticos, algunos llevan en su interior un dispositivo que emite un sonido al apretarlo”.

“En el futuro, los productos de plástico rodearán al hombre como el aire y se convertirán en algo muy común. Los materiales naturales serán un lujo. El futuro, sin duda, pertenece al plástico”.

Libuse Niklová dedicó la mitad de su vida a sus muñecos. Siempre había querido ser diseñadora de juguetes. Falleció en Zlin en 1981, con 47 años. En la actualidad, su nombre ocupa un lugar destacado en la historia del diseño. Sus productos, atemporales y bellos, cautivan a niños y no tan niños que pujan por ellos en eBay. Aunque Fatra había dejado de lado su línea infantil en los 90 debido a la fuerte competencia china, gracias a la curator Tereza Bruthansová los productos de la diseñadora volvieron a obtener el reconocimiento internacional que merecían. En 2005 fueron incluidos en una lista de 100 iconos del diseño soviético. Reediciones varias y exposiciones monográficas en el MOMA o en el Musée Des arts Décoratifs de París potenciaron la resurrección de los animales de plástico que ponen de manifiesto una pequeña parte de nuestra historia reciente.

Deja un comentario