Retratos de la Europa salvaje

Los sueños del fotógrafo Charles Fréger (Rouen, Francia – 1975) están habitados por majorettes, luchadores de sumo, jugadores de waterpolo, patinadores o alumnos de la ópera de Pekín. Colectivos cerrados y unidos entre sí por la práctica de “rituales” que se identifican por el uso de sus propias vestimentas, accesorios o útiles de trabajo. Esta fantasía se hace realidad con la creación de un universo a su medida, impactante y sobrio, donde los miembros de estos grupos se dejan retratar, juntos o por separado, en sus respectivos entornos o en escenarios que los sacan de contexto. Hieráticos, orgullosos. Dignas piezas de un puzzle que hayan su razón de ser en la cohesión del conjunto. El fotógrafo se introduce en cada colectivo manteniendo las distancias, acercándose con un escueto “he venido a sacarles unas fotos”, sin dar demasiadas explicaciones para contaminar lo mínimo. Ejerciendo, aunque reniegue de la etiqueta, una aproximación antropológica hacia comunidades cuya intimidad se antoja inaccesible para la mayoría.

“No me interesa retratar a personas que vistan uniforme porque trabajan, por ejemplo, en un restaurante de comida rápida. Busco colectivos que han convertido en un hábito vital o identitario el hecho de usarlo, aunque engorden o ganen músculo con el paso del tiempo… Quiero personas que lleven uniformes impulsadas por el deseo ferviente de formar parte de algo».

Durante dos largos inviernos de 2010 y 2011, Charles Fregér se autofinanció varios viajes por regiones perdidas de Europa. Visitó República Checa, Finlandia, Rumanía, Alemania, Grecia, España, Eslovenia, Austria, Italia, Portugal, Polonia… Hasta 19 países para gestar su serie «Wilder Mann», dedicada a lugares inhóspitos poblados de criaturas salvajes. Gente de todas las edades unida por la práctica de ritos ancestrales (algunos pertenecientes al Neolítico) que siguen celebrándose en el s.XXI, estación tras estación. Evocan llamamientos a las buenas cosechas y practican danzas que espantan al demonio, celebraciones por la hibernación del oso, cantos a la llegada de la primavera o a la fertilidad. Tradiciones paganas que exorcizan sentimientos de temor y esperanza.

“Me di cuenta de que cada una de estas comunidades funciona como un club de fútbol con sus códigos, normas e idiomas propios”.

Los animales antropomorfos y seres fantásticos retratados por Fregér cuentan con el don de gobernar las fuerzas de la naturaleza. Son protagonistas de cultos y leyendas que aún se escuchan en nuestro entorno, más cerca de lo que pensamos, fruto de nuestra necesidad primitiva de identificar la oscuridad para tratar de ahuyentarla.

Más sobre Charles Fregér en su web.

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