Nancy is alive!

La pequeña Lulú, Peanuts o Mafalda retrataron las miserias y bondades del mundo adulto a través de las miradas infantiles de sus protagonistas. Pero, antes que todos ellos, Nancy era la reina de las tiras cómicas en los diarios americanos. Y, como pasa con las pequeñas grandes historias, la suya comenzó casi de casualidad.

Ernie Bushmiller, un chico de veinte años que compaginaba trabajos de becario con sus estudios en la Academia Nacional de Diseño de NY, asumió en 1925 la continuidad de Fritzie Ritz, historieta creada originalmente por Larry Whittington para New York Evening World.

Fritzie era una joven flapper preocupada por la moda, el dinero y los chicos cuyas aventuras experimentarán un progresivo cambio de rumbo, cada vez menos frívolo, más surrealista y en concordancia con las inquietudes de su nuevo e inexperto dibujante. El sello Bushmiller comenzaba a gestarse, alcanzando su primer gran hito con la introducción de un pequeño personaje que pondrá todo patas arriba.

Nancy se presenta como sobrina de Fritzie; una niña de ocho años valiente, pícara y contestataria, reflejo de la primera ola de feminismo que había otorgado a las mujeres blancas el derecho a voto o el desempeño de roles profesionales hasta el momento reservados a los hombres. Junto a su amigo Sluggo, pasa sus días haciendo trastadas y revelándose contra todo tipo de convenciones que la limitan por su género o edad.

El éxito entre los lectores es tal que, en 1938, Nancy se independiza en un spin off 100% Bushmiller, convirtiéndose en protagonista de su propia tira cómica, toda una revolución narrativa, formal y estética.


El tono, entre macarra y tierno, escapa de moralinas y se ve enfatizado por recursos que van desde la repetición a la ruptura de la cuarta pared, pasando por el diseño de un entorno cuyo rol juega un papel fundamental en la historia.

Hay quien relaciona a Bushmiller con Mies van der Rohe y su sofisticado “menos es más”. El ingenio del autor parte de un planteamiento basado en el minimalismo y en su minucioso interés por dar un gran peso a los objetos: helados, mangueras, refrescos… Elementos inanimados que sirven como pretexto para activar gags conductores de un humor muy visual, cercano a las comedias slapstick de Buster Keaton o Harold Lloyd, admirador confeso de la tira.


No resulta extraño que, para dar forma a todo este imaginario, Bushmiller confiese tomar como referencia los folletos publicitarios de los supermercados Sears.

“Cuando encuentro un objeto que parece sugerente, comienzo a darle vueltas mentalmente para ver si puede resolver una situación divertida. Si no pasa nada después de un tiempo razonable, lo descarto y pruebo con otro artículo. Tarde o temprano, mi cabeza entra en ebullición y surge una idea. Guardo muchas notas sobre los gags que aún no se han materializado. Las ojeo de vez en cuando y, a veces, la solución llega de pronto”.

El autor, ensayista y teórico de comic Scott McCloud define Nancy como «un logro histórico, tan sencillo que puede reducirse al tamaño de un sello postal y seguir siendo legible, un enfoque tan técnico del género que lo condensa en sí mismo, una comedia tan oscura y exenta de malicia como para retener la fidelidad de los lectores con el paso de las décadas”.

El trabajo de Ernie Bushmiller fue retomado por sus ayudantes y otros artistas tras su fallecimiento en 1986. Las tiras de Nancy (o Periquita en los países hispanohablantes) han sido distribuidas en 880 diarios y publicaciones de todo el mundo.

Andy Warhol le dedicó una de sus obras. Matt Groening la situó en el puesto 19 de sus 100 cosas favoritas del mundo y autores como Chris Ware, Daniel Clowes o Art Spiegelman han reconocido su influencia. El culto a esta niña que nunca crece continúa gracias a iniciativas como Bushmiller Society, una organización secreta que lleva 30 años realizando intervenciones anónimas en muros, buzones escogidos al azar o ferias del comic. Bushmiller is alive! es su consigna, muy acorde con el valor imperecedero de su creación. Al fin y al cabo, Nancy nos muestra algo que va más allá de lo que significa ser una niña, enseñándonos aún hoy a comprender un lenguaje universal.

Deja un comentario