Margo Guryan y “God only knows”

Crecer en la península de Far Rockaway (NY) durante la década de los cincuenta no era lo más estimulante del mundo, y menos para cualquier chica con inquietudes musicales. Sin grupos, clubs, ni un ápice de movimiento cultural, ya entonces aquel sitio no ofrecía nada aparte del «planazo» propuesto por Dee Dee Ramone en “Rockaway Beach”.

Margo Guryan (1937) nace en este suburbio a las afueras de todo y se cría en la bulliciosa casa de su abuela entre los discos de 78rpm de sus padres; una colección donde reinan títulos de música clásica, ópera y jazz. Las fiestas familiares en torno al piano y las versiones a cuatro manos de temas míticos del género son frecuentes en el hogar de los Guryan, un ambiente que despierta el gusanillo creativo de la pequeña Margo.

Estando todavía en el colegio, prueba con varios instrumentos como el saxofón o la flauta, siendo un completo desastre que provoca el desdén de sus profesores y las burlas de sus compañeros. Escucha a Thelonious Monk, Bill Evans… y sueña con ser como ellos algún día. Finalmente, toma clases de piano desde los 8 hasta los 18 años y, llegado el momento de elegir carrera, se muda a Boston para estudiar música en la universidad.

La formación allí es bastante clásica así que, decidida a profundizar en el jazz y en su capacidad de improvisación, se apunta a lecciones con el músico Jaki Byard, quien accede a enseñarle después de escuchar sus composiciones. Margo, que llevaba escribiendo toda la vida, antes incluso de aprender música, acumulaba cientos de poemas o, como suele decir, “rimas”, que transforma en letras para sus propias canciones. Temas que también llegan a oídos del productor George Wein, su profesor de masterclass en la universidad.

Wein la sumerge  en el ambiente nocturno de los clubs de jazz, empezando por el suyo, el legendario Storyville, a donde la cuela con frecuencia por la puerta de atrás por no contar con la edad suficiente para entrar en este tipo de sitios. Una noche, la empuja (literalmente) a tocar sus canciones al piano durante los descansos de un concierto de Miles Davis, quien acaba felicitándola por un espontáneo recital que afrontó sumida en un mar de nervios. Guryan se empapa de esta cultura en la universidad, en sus clases particulares, yendo a todos los conciertos que puede y conociendo a todos los que hay que conocer.

George Wein no tarda en ofrecerle un contrato discográfico en su propio sello, una opción jugosa para una aspirante  como ella, pero que finalmente rechaza porque las condiciones no convencen al abogado de la familia. Esto, curiosamente, marca el punto de partida de su carrera. Aupada por sus padres, consigue una audición en Atlantic Records que es todo un éxito, convirtiéndose en la futura promesa de la casa. El fervor dura justo hasta el día de la grabación. “Me decían que cantara fuerte y cuanto más alto cantaba, peor. Sólo llegamos a trabajar una jornada que fue un completo desastre, y no conseguimos llegar a los objetivos. Pero aquello me facilitó un contrato con Atlantic como letrista”. Gracias a esto, Chris Connor cantará su “Moon ride”, Harry Belafonte hará suya «I’m On My Way to Saturday» y otros artistas como John Lewis u Ornette Coleman comenzarán a recurrir a sus trabajos.

Componer para otros es una tarea sencilla que Margo Guryan asume con la confortabilidad de ganar dinero haciendo algo relacionado con lo suyo. Se trata de un trabajo que le permite aprender, conocer a los mejores y seguir creciendo en el anonimato más allá del sector.

Esta realidad sin pretensiones se ve alterada cuando el compositor Dave Frishberg la invita a su casa para escuchar algo nuevo: la canción “God only knows” de Beach Boys. Un bombazo que le llega en el momento justo. Fascinada, se la aprende, la toca una y otra vez y, presa de un ataque de éxtasis wilsoniano, compone “Think of rain”. Será la primera canción que rompa con todo lo firmado por ella hasta el momento.

La música pop reconduce la curiosidad de esta joven purista del jazz hacia The Mamas and the Papas o Simon y Garfunkel. Música de radiofórmula con melodías contagiosas y frescas.

“Me di cuenta de que lo que pasaba en la radio era más innovador de lo que me podía ofrecer el jazz, donde todo el mundo se limitaba a imitar a Ornette Coleman, cuando Coleman sólo había uno”.

Estos nuevos descubrimientos hacen que modifique su forma de trabajar: a partir de ahora el proceso de composición se basa en elegir un concepto, sentarse al piano y enarbolar contenidos a la vez que van saliendo arreglos. Todo parte de una palabra o de una frase para ir evolucionando a la par que la melodía. Así, surge “Take a picture”, su primer álbum, publicado en 1968 por Bell Records.

Las influencias de sus ídolos quedan patentes en un disco que planea a medio camino entre el pop, el jazz y la psicodelia. Por fin, Margo explota todo su talento para componer su música, escribir sus letras y cantar sus canciones en su disco (aunque, insegura, hubiese pedido en el estudio que le doblasen la voz, adquiriendo ese punto susurrante tan característico).

En cuanto a las letras, juega por primera vez con un tono sutil y sexy que se refleja en canciones como “Sunday Morning” y también hace experimentos como “Love”, la cual es concebida como un juego narrativo fruto de un reto autoimpuesto a la hora de condensar al máximo un tema complejo.

“Mi gran inspiración fue la juventud. Esa etapa donde sueñas, imaginas, esperas y planeas. Perfecta para ser expresada en canciones e historias.”

Lo que más llama la atención de “Take a picture” es su cuidadísima producción. Guryan se encarga de seguir y desarrollar todas las fases, firmando cada arreglo y depositando su virtuosismo al servicio de la sencillez y el disfrute. Escuchándolo, uno puede intuir que la gestación del disco fue un proceso saboreado por la artista de principio a fin. 

Pero… ¿Qué convirtió a esta maravilla en un one-hit-album?

“Larry Utall, presidente de Bell Records, me llamó a su oficina y me dijo que querían que saliese en la tele, que hiciese giras y sesiones de fotos como una estrella del pop. Le dije que no quería actuar, que simplemente quería escribir, tocar y sacar discos. Toda la promoción fue frenada y no tuve apenas difusión. Las ventas se hundieron y llegué a ver el disco a 39 centavos en el contenedor de las gangas de Tower Records. Un momento muy triste para mí, por cierto. Yo soñaba con estar a la altura de Harry Nilsson, The Mamas and Papas y todos aquellos maravillosos artistas y grupos que estaban cambiando la escena de la música pop. No esperaba que Bell Records me pidiera todo esto. Cambió toda mi carrera. Continué escribiendo canciones, pero comencé a producir más. Aprendí mucho. Y logré dejar mi huella en trabajos para otros”.

En 2001, Margo se anima al lanzamiento del disco “25 demos” (al que seguirían reediciones posteriores con algunos extras, hasta llegar a 29) un conjunto de grabaciones descartadas e inéditas que incluían temas tan geniales como “California shake”, inspirado en su vida en Los Ángeles y en la constante amenaza de los terremotos. Ésta destaca por ser una canción muy alejada de su estilo. Quizás, el hecho de que esté compuesta a medias con Richard Bennet, guitarrista de Neil Diamond, tenga algo que ver.

“Take a picture” es un disco redondo cuya huella se podría adivinar en las carreras de artistas como Karen Carpenter o Trish Keenan, las cuales guardan en común con su artífice ese halo de misterio y melancolía naif.

Los éxitos de Margo Guryan han sido interpretados por Cass Elliot, Bobbie Gentry, Spanky and Our Gang, Astrud Gilberto, Glen Campbell o Saint Etienne, entre otros. 

Ha dedicado su vida a ser profesora, pianista y compositora, experimentando tímidamente con otros estilos como el disco y la canción política.

Hoy, a sus 82 años, vive en Los Angeles y se muestra activa en redes sociales compartiendo recuerdos, intercambiando info con sus seguidores, haciendo playlist de sus canciones favoritas o dando caña a Donald Trump.

Su figura, elevada a categoría de culto, permanece como un tesoro semiescondido que llena de felicidad a quienes lo encuentran. Igual que cuando ella, aquella tarde, descubrió “God only knows”.

Discografía

  • Take a Picture (1968)
  • 25 Demos (2001)
  • The Chopsticks Variations (2009)
  • 27 Demos (2014)
  • 29 Demos (2016)

Deja un comentario